Carreras vintage en el Fuji Speedway.

El estilo de los 70 vuelve a la pista de carreras.

La R nineT Racer revive los primeros días de las superbikes. No podemos sacarnos de la cabeza las espectaculares victorias de la BMW R 90 S en Daytona y la Isla de Man en 1976. Cuando evocamos el panorama de competición de los 70, no podemos evitar pensar en Japón, donde se inventaron las motos modernas y se está resucitando el espíritu de esta época.  

El aire en el Fuji Speedway es frío y claro. La montaña más alta de Japón, con el mismo nombre que el circuito, se alza de manera impresionante en la distancia. El volcán sagrado del país se encuentra oculto por las nubes, por lo que deberás tener paciencia si quieres ver la nieve que cubre la cima. Hace tiempo, el piloto japonés Hideo Kanaya compitió aquí en su primer mundial de motociclismo y terminó en una sorprendente tercera posición en el Gran Premio de Japón. Esta mañana, casi 42 años después, está resurgiendo la acción de las carreras en el Fuji Speedway.  

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Una combinación de diversión, velocidad y estilo.

La piloto amateur Joy Lewis saca su R nineT Racer del furgón. El nuevo modelo de la familia R nineT supone una inconfundible vuelta a las primeras motos deportivas de los setenta. "Aquella década fue realmente importante en la historia de las motos de carreras. Allanó el terreno para todo lo que implican las carreras de hoy en día", afirma Joy mientras contempla su moto. Más autobuses pequeños se detienen a derecha e izquierda del furgón. Daisuke Mukasa y otros miembros del Curry Speed Club están ocupados colocando números de competición en sus motos de estilo vintage.

A continuación, se enfundan en unos trajes de piel descolorida que parecen mucho más viejos que ellos. "El cosplay es típico de Japón. La palabra proviene del inglés 'costume' (disfraz) y 'play' (juego)", comenta Tadashi Kono, reportero de motociclismo y experto reconocido en la escena motera japonesa. "El estilo es importante. La gente que pilota motos vintage suele vestir prendas retro". Tras este pequeño descanso, Tadashi se apresura a dar algunas indicaciones finales sobre la ruta a Daisuke Mukasa y Shiro Nakajima. La acción está a punto de comenzar. Carreras vintage en el Fuji Speedway.  

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¿Quieres una moto de carreras? Constrúyela tú mismo.

Tadashi Kono (dcha.) y Daisuke Mukasa (izq.) en el "briefing" de pilotos.

¿Quieres una moto de carreras? Constrúyela tú mismo.

La atmósfera en el circuito se caracteriza por el mismo tipo de espíritu amateur que imperaba en los setenta, cuando podías contar los pilotos de fábrica con los dedos de una mano y los pilotos privados eran los mejores en el mundial. Su éxito estaba estrechamente ligado a su talento. No resultaba extraño que uno de los perdedores ganara de repente. Los patrocinadores no se agolpaban en la puerta, sino que, en su mayoría, los distribuidores de motos locales donaban un traje de piel o un casco nuevo. .  

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En una carrera vintage, tienes que apañártelas por ti mismo.

De todos modos, los pilotos no necesitaban mucho más que eso, porque las carreras eran asequibles. . Un salario medio era suficiente para comprar las piezas principales y convertir una moto usada en una de carreras. Solo había que cambiar el reglaje y modificar el escape y el carburador para que cumplieran con las condiciones de la competición. Quitar el guardabarros, el espejo y otras piezas innecesarias. Sustituir el asiento doble por uno individual y cambiar los manillares de touring por modelos cortos. Colocar ruedas con bandas de rodadura suaves y ya estaría lista la moto de carreras. Eso fue antes de que llegaran los neumáticos lisos, la suspensión electrónica o el sistema Ride-by-Wire.  

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La ciudad de Tokio se encuentra sobresaturada con las últimas tecnologías, que van quedando obsoletas de un día para otro. Es imposible mantenerse al día, y por ello ha surgido este contramovimiento. Necesitamos más objetos analógicos en nuestras vidas.
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Tadashi Kono, reportero de motociclismo

Inspiración del Lejano Oriente.

Inspiración del Lejano Oriente.

Los jóvenes héroes conducían sus motos simplificadas sobre pistas de carreras naturales, superando vías ferroviarias, puentes, colinas empinadas, adoquines y bloques de hormigón. En función del terreno, llevaban cascos abiertos, ya que los cascos integrales eran tan pesados que podían nublarles la vista al toparse con adoquines. Todo se llevaba al límite: el escape y los reposapiés estaban desgastados de conducir inclinados. Miles de espectadores se congregaban en torno a la pista de carreras, cautivados por semejante espectáculo sobre dos ruedas. En los sesenta, las motos sustituyeron a los coches como medio de transporte, y ahora están volviendo al terreno en forma de vehículos deportivos.  

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Las motos de los setenta son increíbles. No son demasiado rápidas, demasiado antiguas ni demasiado nuevas. Los pilotos tienen el control de la velocidad y pueden disfrutarla.
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Shiro Nakajima, 46Works

Grandes avances con la BMW R 90 S.

Inspiración para la R nineT Racer: Helmut Dähne con la R 90 S.

Grandes avances con la BMW R 90 S.

Mientras tanto, BMW desarrolló una potente moto deportiva y presentó la R 90 S en 1973. Causó una auténtica sensación. Además, supuso un duro golpe para sus rivales asiáticos: 67 hp, 898 c. c., carburador Dell’Orto de 38 mm, carenado del puesto de conducción y elegante acabado en color plata ahumado. La R 90 S fue una de las motos presentes en la pista de carreras del primer campeonato de superbikes de EE. UU., celebrado en 1976. "Las motos japonesas tenían mucha más potencia. Todo el mundo creía que ganaría Kawasaki", afirma Tadashi.  

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Un piloto alegre: recorrido por el Fuji Speedway con la R nineT Racer.

En su lugar, Steve McLaughlin obtuvo la victoria para BMW sobre la R 90 S justo al principio del campeonato de Daytona, mientras que Reg Pridmore consiguió el título de primer campeón de superbike de los EE. UU. al final de la temporada. "Los motores de las motos japonesas eran demasiado pesadas para el chasis. Los fabricantes buscaban aún más potencia, pero no funcionó. . Las motos estaban fuera de control y eran muy difíciles de manejar. Por su parte, BMW encontró el equilibrio perfecto entre potencia, manejo y fiabilidad. Por eso ganaron", recuerda Tadashi. Ese mismo año, Hans-Otto Butenuth y Helmut Dähne registraron los tiempos más rápidos en el Production TT de la Isla de Man, convirtiendo la R 90 S en una leyenda.  

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Correr por diversión.

Las icónicas motos de los setenta están resurgiendo por todo el mundo. Esto resulta especialmente evidente en Japón, donde las carreras vintage han regresado de lleno. "Las carreras vintage son muy populares aquí. Hay muchos pilotos jóvenes, y cada vez atraen a muchos más. Para ellos, las motos antiguas son novedosas y recientes", apuntaDaisuke Mukasa, cuya tienda de personalización en Tokio está dedicada en su totalidad a las motos clásicas. Tadashi también cree que las carreras vintage son tan populares porque son una manera de escapar de las tecnologías modernas. "La ciudad de Tokio se encuentra sobresaturada con las últimas tecnologías, que van quedando obsoletas de un día para otro. Es imposible mantenerse al día, y por ello ha surgido este contramovimiento. Hace cien años, cualquier japonés sabía celebrar una ceremonia del té y atarse un kimono. Yo no sé hacer nada de eso, y me parece muy triste. Necesitamos más objetos analógicos en nuestras vidas".

El conocido artista de la personalización Shiro Nakajima, de 46Works y creador de una de las R nineT más exitosas del proyecto japonés R9T, es un amante confeso de las motos de estilo vintage, además de haber pertenecido durante años a la escena japonesa de carreras vintage. "Suelo usar mi R 90/6 para conducir a diario. La tengo desde hace casi 20 años y estoy demasiado unido a ella. La R 75/5 es la que uso para las carreras vintage". El sol desaparece tras el monte Fuji al final de la tarde y envuelve la montaña y la pista de carreras en una suave luz roja. La atmósfera en el Fuji Speedway se vuelve mágica mientras los corredores vintage se enfrentan a las últimas vueltas alrededor del circuito. No están preocupados por los tiempos o los rivales. Solo se concentran en una cosa: el espíritu de las carreras.  

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El arte de Conrad Leach

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